El carácter y la personalidad únicos son el valor añadido del pequeño comercio. Conocemos nuestra identidad y nuestros productos, y nuestro objetivo es proyectar la mejor imagen posible para realzar el valor de nuestro negocio. Para lograrlo, debemos generar una atmósfera que comunique los valores esenciales de nuestro negocio. Esto es clave para atraer la atención del cliente y motivarle a explorar el espacio, impulsando así el deseo de compra.
Para que nuestro negocio destaque, debe ser singular. Por ello es primordial entender qué vendemos y a quién nos dirigimos, creando así nuestro propio universo
Para ello haremos un análisis de nuestro local para proyectar la mejor distribución y crear la atmósfera apropiada para nuestro negocio. Trabajaremos la luz y el color especialmente con el objetivo de mostrar el producto de la mejor manera y hacer que el cliente recorra todo el local y así propiciar el deseo de compra.
Para todo ello, el visual merchandising es fundamental. Consiste en el arte de diseñar la tienda para captar la atención del cliente, invitarle a entrar y ofrecerle una experiencia sensorial agradable en todos los aspectos.
Cada elemento debe ser cuidadosamente planificado y diseñado: desde el escaparate y la colocación estratégica del producto, hasta la música, el aroma y la atención hacia el cliente. Nuestro propósito es generar una experiencia de compra positiva para que el cliente regrese.
Respecto a la distribución del espacio, es crucial identificar los “puntos calientes”: aquellas áreas que generan más ventas, como la entrada, pasillos principales o el mostrador, a las que el cliente se dirige de forma instintiva.
Nuestro objetivo debe ser multiplicar estas zonas calientes mediante la implementación de visuals estratégicos. Esto se puede lograr con el uso de espejos, iluminación especial o una presentación creativa del producto, lo cual dinamiza el espacio, sorprende al cliente habitual y potencia la venta de artículos específicos de nuestro interés.
Otro aspecto crucial es la organización del producto para crear una imagen atractiva. Se puede optar por agrupar los artículos por familias o por características como color, tamaño o forma. Podemos crear composiciones originales en ciertas áreas y mantener un orden más funcional y de almacenamiento en otras. En estanterías, las zonas por debajo de 50 cm y por encima de 1,70 m son consideradas “zonas frías” y son ideales para almacenamiento o para exponer artículos de gran tamaño. La rotación constante del producto es clave para mantener el interés y sorprender al cliente.
El pequeño comercio da vida a los pueblos y ciudades, hagamos que éstas sean especiales.






